ENCUENTRO DE JÓVENES EN TUCUMÁN 2026

  • Contenidos subidos a esta web el 30 ABRIL 2026.
  • Emaús en la Promo 2026: Una experiencia de camino y encuentro.

ACOMPAÑAR A LOS JÓVENES DE SEXTO AÑO - ARGENTINA

El pasado 6 de abril, la Casa de Retiro de San Pedro de Colalao se convirtió en el escenario de un viaje compartido. El objetivo era claro: acompañar a los jóvenes de sexto año a reconocer su historia, sanar vínculos y proyectar su futuro, bajo la luz del lema: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?” (Lc. 24, 32). Para la "Promo 2026", la historia no empezó ayer. Muchos de ellos comparten el camino desde la "salita de tres" en el preescolar o desde el primer grado. Sin embargo, al igual que a los discípulos de Emaús, a veces el trajín del día a día impide reconocer verdaderamente a quien camina al lado. El primer paso fue ahondar en ese "ser compañeros": ¿Cómo me reconozco en el otro? ¿Cómo nos unimos para terminar este ciclo como una verdadera comunidad?

El valor de la escucha sin juicios: Uno de los momentos más potentes surgió durante la dinámica de caminata. Se les invitó a compartir sus momentos más felices y sus heridas más profundas; sus sueños y sus soledades. La consigna era simple pero desafiante: escuchar sin aconsejar, solo estar presentes para el otro. En ese intercambio, las anécdotas se transformaron en puentes, permitiendo que incluso aquellos que no se conocían tanto lograran verse a los ojos de verdad.
Símbolos que unen: El cierre de este primer momento tuvo lugar en la capilla. Allí, el camino se volvió altar. Cada joven llevó un símbolo significativo de su historia de vida y lo presento al grupo. Al compartir el significado de esos objetos, se hizo evidente la verdad fundamental del retiro: todos somos uno, todos somos iguales y cada historia personal es una pieza esencial de este todo que llamamos "Promo".
El Reencuentro con el Origen y el Despertar de los Protagonistas: El Emaús familiar: Sanar para soltar
El segundo día el camino se volvió hacia el hogar. Bajo la premisa de "Mi Emaús con mis padres", los jóvenes exploraron la compleja danza del crecimiento: ese desapego necesario, las rebeldías, los silencios y las protestas que a menudo marcan la adolescencia. Fue un ejercicio de humildad y madurez donde se les invitó a resignificar el esfuerzo de sus familias y a prepararse para el gran salto a la universidad.
El puente fue la palabra escrita. En una carta honesta, los estudiantes expresaron: "Papá, mamá, necesito más de ti para este paso que voy a dar". El clímax emocional ocurrió en la Gruta de la Virgen de Lourdes, donde el círculo se cerró: ellos recibieron mensajes de sus padres y, en un acto de reciprocidad instantánea, enviaron sus propias cartas. Las lágrimas y el fluir de sentimientos en la Gruta marcaron el fin de una etapa de muros para dar paso a una de puentes.

De la reflexión a la acción: "La Inolvidable" toma la palabra
Empoderados por esa sanación, la promo bautizada como "La Inolvidable" realizó un diagnóstico valiente de su realidad escolar. No maquillaron la verdad: señalaron las divisiones, el individualismo y la falta de escucha que percibían en los pasillos, falta de sentido de pertenecía. Pero no se quedaron en la queja; surgió un deseo genuino de protagonismo y participación juvenil. Señalaron propuestas concretas para darle vida al colegio, con un tono mas juvenil.
La acción divina no se hizo esperar para que fueran protagonista y se cumpliera lo que anhelaban” participación”.
El desafío del martes: Transformar la crisis en conciencia
La vida puso a prueba ese nuevo compromiso casi de inmediato. Ante la aparición de la amenaza inspirada en un reto de TikTok ("habrá tiroteo"), el grupo no retrocedió. Aprovechando el impulso de querer ser "protagonistas", transformamos la tensión en una oportunidad pedagógica. ​Los mismos jóvenes de sexto año pasaron de ser espectadores a ser referentes. Se capacitaron y asumieron el reto de liderar talleres de concientización para toda la institución. Así, "La Inolvidable" empezó a honrar su nombre, demostrando que la mejor forma de cuidar su colegio era educando a sus pares sobre la responsabilidad digital y el peso de nuestras palabras. Los estudiantes del 6to año dejaron de ser simples alumnos que "pasan" por las aulas para convertirse en referentes que transforman su realidad.
Más que un paso, una huella: Ver a los jóvenes de "La Inolvidable" adueñarse de su realidad me dejó una certeza profunda. Muchas veces se piensa en la escuela como un lugar de tránsito, pero esta experiencia demostró lo contrario. Ellos comprendieron que el verdadero liderazgo nace de la coherencia: la misma sensibilidad que vivieron en el retiro, fue la que les dio la autoridad moral para pararse frente a sus compañeros y decir "basta" a los retos que lastiman.
​Al final del camino, la lección fue para todos. Me voy con la convicción de que estos jóvenes no solo van a pasar por la vida, sino que van a dejar huellas. Huellas de conciencia, de respeto y, sobre todo, de un corazón que aprendió a arder en el camino compartido.

Un gesto de solidaridad en medio de la adversidad
El viernes marcó un momento emotivo unas horas antes de mi viaje. Nos dirigimos a una escuela que, apenas una semana antes, había sido duramente golpeada por las inundaciones. La magnitud del desastre todavía se sentía en el ambiente, pero la respuesta de estos jóvenes fue inmediata y contundente: llegaron cargados con muchísimas donaciones para apoyar al colegio en su recuperación.
​Lo que realmente me conmovió no fue solo la ayuda entregada, sino la forma en que nos recibieron. A pesar de haber pasado por una semana tan difícil, la comunidad educativa nos acogió de maravilla. Nos esperaban con una alegría contagiosa, compartiendo pizzas y gaseosas en un gesto de hospitalidad genuina. Fue un recordatorio poderoso de que, incluso en los momentos de crisis, la solidaridad genera una energía que transforma el dolor en esperanza.